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  • Foto del escritorCristián Ritalin León

Welcome to Trucholand


Mientras sincronizo mi palm y vuelvo a publicar el malogrado post anterior; mientras vemos los pendientes y terminamos un aviso rechazado del viernes… veo a toda la agencia dada vuelta porque hoy se cierran los entries de Achap. Achap. El Festival Chileno de la Publicidad. Un concurso al que le perdí todo el respeto luego de haber dejado uno de mis avisos en un mísero “Finalista”, para luego -¡el mismo mismo mismo aviso!- terminar ganando plata y oro en FIap y oro en New York. Osea. No te pesco mucho, Achap. Pero la gran mayorìa de la agencia sí. Y estàn todos vueltos locos con los últimos retoques y las ùltimas sobreimpresiones y las fichas técnicas. Todo por los premios. Por subir a la tarima y recibir un cartoncito que te avala como super buen creativo publicitario… El problema es que, en todas las agencias de chilito –y around the World-, buena parte de esos avisos ganadores son truchos. (trucho: del término argentino trucho. Chanta. Mentiroso-. Dícese de la pieza publicitaria creada sólo para concurso, sin un fin real por parte del cliente, que normalmente es pagada por la propia agencia). Trucho. Dícese del triunfo de la estupidez misma. Es como si fueras carpintero y te sacaras la cresta todo el año diseñando sillas bonitas y distintas, las mandas a concursar y te gana otro diseño. Pero el diseño de una silla que nisiquiera sirve para sentarse. Eso es un trucho. Avisos que no están agarrados a un brief. Ni a un presupuesto –que en la realidad es muy reducido-, ni a un timing -que siempre es para ayer- ni a nada que tenga que ver con el fin último de la publicidad: vender. El fin último del trucho es ganar premios. Y nada más que eso. Pero ganar empepado. 100 metros planos con doping positivo. El trucho es algo chori y lindo y cool, que se te ocurrió y que nadie te pidió. Y ojo, no confundir con Proactividad. Porque el trucho a veces nisiquiera tiene que ver con la campaña que tiene al aire la marca, ni con el target del producto ni nada parecido. Incluso me he topado con gente que tiene un aviso para un producto que ni existe, y aún así lo quiere mandar. (lo peor es que los jefes hasta la piensan, fijate). Los truchos son malabares creativos. Globetrotters publicitarios. Un ganar por ganar que, por si fuera poco, también daña a las productoras (y actores y locutores y editores) porque les estás pidiendo que trabajen gratis, con una amenaza implícita que nadie dice pero que todos saben: o haces el trucho, o no te llamamos más por poco comprometido. Así que ando muy lateado, porque me siento bicho raro por no enganchar con la truchez. Lata, pero el chanchuyo está in. Es la semana del Cero Norte. Y al final, los que realmente nos sacamos la cresta en el día a día y no estamos dispuestos a quedarnos hasta las 3 de la mañana pensando en qué truchear (porque personalmente creo que los premios son una consecuencia y no un motivo), somos los más dañados. Tu aviso no tiene forma de ganarle a un trucho. Aunque a veces cae una lucecita del cielo y algo ilumina a los jurados, y ese avisito hecho con cero presupuesto y cero timing, sacado a pulso y mucho mucho esfuerzo, le gana al megaproducido trucho. Por esas mariposas en la guata, y por ese sentimiento de saber que la hiciste bien y sin trampas, es que vale la pena estar lateado a veces. Como hoy. Porque, filo, se me va a pasar luego.

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