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  • Foto del escritorCristián Ritalin León

Mr. Potato Heart

Dolape toma un sorbo de su vino y, cual iluminado, suelta: “Yo no tengo un corazón. Tengo una papa”. Y la Coté asiente. “¿Qué?!”

“Eso. Que tengo una papa en vez de corazón”. Apuro mi copa y le pregunto que qué argentinismo es ese. Ninguno, me dice. Es que como ha vivido tanto tiempo solo -estudiando, viajando, haciendo negocios-, se ha vuelto una persona a la que las vueltas de la vida lo tienen sin cuidado. Dolape viene de vuelta en esto de las subidas y bajadas. Se curtió. Así que su corazón, según él, se ha vuelto una papa. Y me puse a pensar. En voz alta, claro. El ser “papa” (término que hicimos propio en menos de una hora) es un síntoma típico de los vapuleados argentinos… y de las sociedades primer mundistas. ¿Que los franceses son fríos? ¿Que los gringos no pescan a la familia? De más. Pero porque la mayoría se va de la casa a los 18 (como mi buen Dolape), a buscar su rumbo. Se hacen más duros; más curtidos. Se hacen “papa”. Y está bien. Encuentro increíble que este che esté un día en un hotel cinco estrellas tomándose un fernet y al día siguiente le de lo mismo hacerlo en un boliche de la esquina. No tiene trancas con perder o ganar; con que su negocio se venga abajo o se vuelva un magnate. El carpe diem a la argentina se llama “tener corazón de papa”, y se aplaude. El problema es cuando empiezas a pensar en asentarte. En tener una relación más sólida. Esto -ya generalizando- hace también que Europa y Estados Unidos sean los lugares con más solteros mayores de 30. Un país que envejece, porque nadie atina a hacer latir su “papa” y empezar a invertir en el corazón. Hijos, familia, relaciones.

¿Vamos todos para allá? Conozco a varios que ya están ahí. Mucho carrete, mucho glam, muchos viajes y negocios… pero el corazón, papa. Dolape lo dice y se ríe. Pero en el fondo quiere despaparse. Y ese, mi buen che, ese el primer peldaño a la despapalización. Vamos que se puede.

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