• Cristián Ritalin León

Lucky calendar

Tengo sobre la repisa de mi escritorio un lucky bamboo. Uno de esos tubos de cristal con un bambú verde que, de acuerdo a donde lo apuntes, “carga” de energía a tu trabajo, dinero, familia, tu suerte o tu carrera. Y no. No lo tengo por eso, la verdad. Osea, igual trato de que -por si las moscas, vio?- esté apuntando a algún lado, entre familia y carrera… pero no. Lo tengo sólo porque es re bonito. La cosa es que lo único que tienes que hacer para mantenerlo vivo y fresco, es cambiarle el agua cada dos semanas. Y, en esta vida de sábados y domingos en blur, wow, qué manera de servirte de calendario vital. ¿Dos semanas ya? ¡¡Como vuela el tiempo!! Claro que vuela. Nicolás ya tiene 10 meses (¿se acuerdan cuando escribí “¡¡voy a ser papá otra vez!!); en McCann ya llevo los mismos 10 meses, Boss ya volvió de su viaje de casi 5 meses en Europa y yo, aquí, mirando el lucky bamboo mientras me preparo para una de esas semanas cortadas que sí o sí te van a pasar la cuenta. O martes doble o viernes de locura. Típico.

Se fueron dos semanas más. Se nos fueron dos semanas más. ¿Hiciste algo digno de recordar? ¿Lo pasaste como querías pasarlo?… Porque, claro, como dice Bebe, miras a tu perro y su vida minimalista de mover la cola y tomar agua y salir a pasear… y no te cabe otra cosa que preguntarte: pasaron dos semanas. ¿Valió la pena que hayan pasado dos semanas?… Como para pensarlo. Porque estamos donde estamos, haciendo lo que hacemos, y no tenemos ni puta idea de para donde estamos avanzando. Te crece el pelo, te crece la barba, te cambia la vida de a cuotas… Y tú sigues acá, en la tercera pelota desde el sol, cambiándole el agua al lucky bamboo y sin el manual de instrucciones. Ni de la plantita ni de la vida. Y como la plantita y como la vida, no sabes para qué la tienes. Ni para qué sirve. Así que sólo te queda disfrutarla. Sacarle el máximo de provecho. Es la ley básica. La instrucción primordial. Esta Life for Dummies que te tocó. A ti y a todos. Regar cada dos semanas. Recordar cada dos semanas que, efectivamente, ha pasado el tiempo. Y que cuando estés regándola otra vez, tiene que haber valido la pena. Algo. Mínimo, ¿no?…

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