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  • Foto del escritorCristián Ritalin León

Icono


El soudtrack perfecto, la comida perfecta y una atención que, si bien al comienzo estuvo más bien floja, se redimió con los platos servidos en su punto y a tiempo. El Icono es de esos restoranes que te intimidan al llegar. No sé si por su look de caja de luz ultra design -demasiado incluso para el sector donde está encajada-, los autos en la entrada o el ambiente demasiado nice y demasiado trendy… Pero una vez dentro, pisco sour en mano y disfrutando de la música (que parece haber sido sacada directamente de mi compilación personal), el chill out del ambiente lo cambia todo. Sentados en la mesa, con esa luz suave, todo es perfecto. Desde los pancitos recién horneados con sus exóticas mantequillas de hierbas hasta la carta mínima pero contundente. Hace tiempo que con la Romi nos debíamos una salida romántica. Sin niños ni razones para celebrar. Solo los dos, disfrutando de una comida-de-adultos sin apuros y en un lugar absolutamente de nuestro gusto: Ella partió con unos camarones en masitas de arroz al vapor. Yo, un contundente fiumé de mariscos al azafrán (hartos camarones y muchas machas entremedio), para cerrar con el plato fuerte y especialidad de la casa: avestruz en costra de sésamo sobre risotto de arroz hindú y patache de verduras. Luego, broche de oro con la mejor crema catalana que he probado. Es bueno salir de vez en cuando y hacer un refresh a la relación. En qué estamos. Qué esperamos. Adonde vamos. Una alineación mental que nos sirvió no sólo para exorcizar la semana, sino que también para reencontrarnos y reencantarnos, caminando de vuelta por Nueva Costanera sintiendo el aroma de las flores que ya empiezan a salir y agradeciendo esos momentos, pocos pero gratos, que te hacen relajar el paso y sonreír.

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