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IA: La mejor de las eras. La peor de las eras.

Foto del escritor: Cristián León
Cristián León
4 sept
3 min de lectura

En menos de una semana, dos noticias.

Nada que ver entre sí.

Y resulta que cuentan exactamente la misma historia, desde dos veredas distintas.




Uno. Ayer OpenAI lanzó GPT-6 Astra. El video de lanzamiento parte con una demo ochentera, alguien pidiéndole a un computador que dibuje un círculo amarillo. Sale torpe, apenas un círculo. Corte a hoy. Misma escena. La misma orden, dicha en voz alta, y el círculo se convierte en cohete, después en un videojuego 3D completo, después en un aviso de eBay publicado solo, mientras el mismo tipo pide el almuerzo sin dejar de hablarle a la máquina. Nada tecleado. Todo dicho. Greg Brockman cerró la conferencia de prensa con cuatro palabras. "Welcome to the AGI era."

En simple, ya tenemos al Jarvis de Tony Stark por unos 50 dólares al mes.


Dos. El miércoles 26 de agosto, Bill Gates publicó el ensayo más serio que le he leído en años. Se llama "A Turbulent AI Era and Critical Choices to Make". Lo pueden leer acá. En 2023 había escrito sobre esto mismo con el entusiasmo de alguien que acaba de ver internet por primera vez. Ahora dice que nadie se está preparando de verdad para lo que viene. Y yo que devoro contenidos tipo Diary of a CEO, donde veo entrevistas a quienes están en esa punta de la flecha. Uf. Imposible no sentir el escalofrío. Gates (el hombre que, recordemos, dice que ha tenido dos trabajos: el primero en Microsoft, el segundo gastando la plata que ganó en Microsoft tratando de hacer un mundo mejor) dice que los primeros puestos en caer van a ser los de entrada y los de nivel medio. Y propone algo que llama "Human Reserved": pegas que deberían quedar para personas, aunque la máquina ya pueda hacerlas. Su ejemplo es decirle a un paciente que tiene un diagnóstico terminal. Técnicamente lo puede hacer un robot.

No debería.



Dos golpes de timón, uno para cada lado, separados por poco más de una semana. Uno mostrando el truco de magia más impresionante que le he visto a esta industria. El otro preguntando quién va a limpiar la cagada cuando el truco salga mal.

Es imposible, como comunicador, y como persona, de verdad, no quedar pegado en estos temas estos días. Partimos la temporada 8 del RitaCast hablando justamente de estas dos aristas, desde el punto de vista de las industrias creativas (si quieres, después vas al link del podcast y escuchas ambos capítulos).


La diferencia entre usar la IA como herramienta y usarla como varita mágica.

Entre el mediocre y el adelantado.

Pero también, entre HER y Terminator.

Astra, hasta ahora, es la varita más sofisticada que se ha construido. Pides, y aparece. Pero una varita no sabe para quién trabaja. No decide nada.

Eso lo sigue decidiendo la persona que la sostiene.


Y ahí está el error que veo en todos los almuerzos y en todos los directorios: se está discutiendo qué tan rápido adoptar la herramienta, y casi nadie está discutiendo quién, adentro de la empresa, tiene el criterio para decidir qué no delegarle. No es un problema de innovación. Es un problema de gobernanza. Las mismas cinco preguntas que le hago a cualquier marca antes de tocar una sola pieza creativa (quién eres, para quién, contra quién compites, qué terreno vas a pisar, qué no vas a soltar) hoy son las preguntas que le faltan a la mayoría de los comités de innovación que arman planes de IA sin haber definido primero qué parte del negocio es innegociablemente humana.


Astra ya está lanzado. Vamos a tenerlo muy pronto en nuestras máquinas.

Pero esa conversación, la de decidir, todavía no la lanza nadie.

 
 
 

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