• Cristián Ritalin León

Forgive them, Lord

La relación que mantengo con la iglesia católica es igual a la del suelo y un tipo haciendo bungee. A veces muy lejos. Otras, peligrosamente cerca. Será porque mis parientes más cercanos son Opus y veo todo lo bueno que hacen; o –en reversa- porque estando en un colegio católico tuve la tonta idea de leer y estudiar más de la cuenta, así que me di cuenta de la cantidad de sandeces que están mezcladas con todo lo bueno que pretenden inculcarnos. No hay caso. Es tan cíclico como eterno, esto el amor-odio. Porque justo cuando estoy por hacer la resolución de empezar a ir a misa, el cura se manda un cantinfleo y no dice nada en dos horas de parloteo, haciéndome sentir que estoy perdiendo el tiempo; o leo la biografía de los Edwards donde dicen que se hicieron Opus porque era buen negocio. O aparecen en el diario cosas como esta: El papa Benedicto –que a todo esto tiene iPod, bien por él-dijo esta semana, citando a su antecesor, que no iba a seguir hablando sobre el tema de las mujeres en la iglesia católica. Porque “la iglesia no ha tenido y nunca tendrá la autoridad para cambiar la regla contra las mujeres sacerdotes”. PLOOOOP. Sácate una retórica del sombrero. ¿Si no está en manos de la iglesia, entonces de quién? Porque ya lo de la prohibición del uso del condón es una aberración de dogma –me acuerdo con mucha pena del surrealista discurso contra el uso del condón que dio JP II en Africa, donde la tasa de natalidad, Sida y hambre es altísima-, idem con ese estúpido dogma de que “el papa es infalible” (¿qué?!!… Y la cantidad de errores que se han cometido, partiendo por las cruzadas, las concubinas papales, las intrigas renacentistas y todo lo demás?)… pero decir que “sorry, pero no podemos hacer nada” como dando a entender de que todo lo que dicen ellos les llega de arriba, es casi como para reirse. Porque se sabe que todas las leyes de la iglesia son creadas por el clero. Todas. De no ser por las Tablas de la Ley, no conozco otro texto en la historia judeo-cristiana, que haya sido redactado por Dios en persona. Así que no me vengan con tonteras. ¿Que Jesús estableció el sacerdocio masculino? A ver: ¡Jesús nisiquiera estableció el sacerdocio! De hecho los primeros cristianos -discípulos incluso- recorrían el mundo en compañía de sus mujeres y niños. Fue la Iglesia la que partió el asunto de los rangos con Constantino. La misma que ahora no quiere mujeres sólo por una razón. Por la misma razón de siempre: PORQUE A LAS MUJERES SE LES NOTA CUANDO VAN A TENER HIJOS. Un cura se puede hacer el loco y listo. ¿O no recuerdan la cantidad de abortarios que existían en los claustros de monjas en la edad media?… Por algo eran monjas y nada más. Así, se quitan un peso de encima -aunque el peso de los pedófilos les sigue penando en EEUU). Además, claro, está el hecho irrefutable de que un hombre no tiene esa necesidad casi hormonal de ser padre. Y un tipo sin familia es mucho más barato de mantener para la Iglesia, y fácil de enviar adonde se te ocurra si no tiene un cargamento de familiares que llevar. ¿Y todo el tiempo que “perderían” en criar a sus hijos, en vez de estar hablándole a las parejas sobre el sexo y el amor? (nótese la incoherencia; no voy a preguntarle sobre colores a un ciego). Pero veamos el lado positivo de la propuesta. Sacerdotisas. Una mujer está genéticamente más preparada para dialogar; para proteger y cuidar. Y es mucho más coherente con el ideal católico de amor, compasión y protección. Esos rasgos me suenan mucho más maternales que fraternales. Además, ¿no dicen que “somos hijos de la iglesia”? Aaah, no sé, oiga. Yo sigo leyendo estas barbaridades y anacronismos… y como que ellos solitos me convencen de lo contrario.


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