• Cristián Ritalin León

Ba-bye

La Romi se decidió a volver a su figura pre nenes, así que fue al doc. Y yo, que soy malito para inventar ocasiones de celebración, viré en U en El Bosque y me chanté frente a Procam. Murmuré un “Amore” a los audífonos y a los tres segundos la voz de la Romi me respondía que oooooooobvio que le tincaba comer algo rico para despedirse de sus kilillos. Así que hablando de kilillos, me parapeté de dos. De los camarones más grandes (16/20, no tenía idea). Y luego de enfilar nuevamente al depto, me puse mi delantal de cocinero y, con la Mopa relamiéndose desde el suelo, empecé a prepararlos. Gracias San Youtube por enseñarme a pelarlos. Gracias San Google por recordarme como se preparan. La única lata es que, creyendo que con media bolsa estabamos listos los dos, quedé más que decepcionado: sin el hielo, las patas y la piel, la bolsa completa (1 kilo, supuestamente) apenas y alcanzó para dos platos. Grandes, claro, pero no como para volverse loco. En fin: dos copas sommelier de vino blanco muy helado, un nidito de lechuga bien aliñado y los camarones al ajillo encima. Nada mal para terminar un día especialmente agradable. Nada mal.

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