• Cristián Ritalin León

Arriba las manos

Anoche, leyendo la última revista Paula, encontré un reportaje que literalmente me hizo llorar de la risa. Bueh, el reportaje es supuestamente dramatico, pero a la larga es tan ridículo que no pude dejar de leérselo a la romi entre carcajadas: Se titula “La mujer más asaltada de Chile”, y habla de una tipa a la que le han entrado a robar unas 40 veces –en la misma casa, porque nunca ha atinado a cambiarse-. Los robos incluyen ¡9! Trajes de buzo (1 millón cada uno, aprox.), 7 bicicletas, ¡2 calefonts! (no me imagino como pueden robarte un calefont. Y peor, cómo te das cuenta: ¿te lo roban mientras te duchas?), más miles de prendas de vestir, radios de auto, computadores, zapatos… Tanto así, que los amigos van en taxi a la casa de esta Yeta; porque las últimas 3 veces que hicieron una fiesta, a TODAS las visitas les abrieron el auto y les robaron la radio, parlantes, ropa y 2 trajes de flamenco (sic). En la página siguiente, una foto de su pieza. Esta pobre tipa se acuesta todas las noches con el teléfono de carabineros ya marcado en su celular, un walkie talkie comunicado con la nana y gas de pimienta a la mano. Hasta ahí, digno de Ripley… Pero sigue!! Luego del robo No.12, y aconsejada por familiares, la tipa atinó a asegurar su patrimonio –el poco que le iba quedando- y meter todas sus joyas en un banco. Adivinen en cual. ¡Síiii, en el banco Bice! Sin joyas, sin calefont, sin trajes de buzo… Sin ropa para bailar flamenco.

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