• Cristián Ritalin León

Advertaisin, viste?

Geropa. Personal. Sprite tiene algo que decirte. Espantapájaros. Fernet Cinzano. Academias Axe. Y dale que te tiro veinte más. Los argentinos son a la publicidad, lo que los japoneses al high tech. Expertos en el asunto de los treinta segundos. Maestros del copy y los prints. ¡Y aquí al ladito, nomás! ¿Qué poder increíble te llega por sólo nacer del otro lado de la cordillera? ¿Será la leche? ¿el bife chorizo?… ¿Te inyectan algo en las clínicas argentinas? Porque de los genes italianos, nada: la publicidad italiana es un asco. Nunca he visto algún comercial digno venido de la bota. A lo mejor es el cancherismo. Pero si fuera así, ¿basta ser canchero con triunfar en publicidad? Naah. O puede que sea pura matemática: sólo en Baires está la población completa de Chile. Los che son más. Entonces, por suma y resta, hay más publicistas. De lo bueno poco. Pero allá hay más-de-esos-pocos que acá. No sé. Estoy pegado con el temita. No puedo creer que haya tantos genios de la publicidad paseando por Corrientes, mientras que en Provi pasan como el cometa Haley. Podría decirte que los presupuestos. Claro, un aviso para el triple de gente puede ser el triple de caro. Y ahí mandas a traer a un brittish que se maneje mejor con el lente. Pero tampoco. Sin un guión decente, no pasa nada. Y ellos leen más, claro. Los libros son más baratos así que la labia les sale más natural. Y eso repercute en los textos de putamadre que se mandan. ¿Pero es sólo eso? De dónde viene Agulla. Qué creó a Ponce. Y peor aún: ¿por qué el Chavo D`Emilio, valuarte de la genialidad che, vino a chilito por un rato y luego se fue sin hacer ninguna bulla; que si te vi no me acordé? ¿Serán los clientes? ¿Será la cultura chilensis, que dicta seguir a la masa, que es más seguro que lanzarse el piscinazo? Ayer hablaba con un amigo al que le entubaron una campañaza sólo porque el jefe-del-cliente (nisiquiera el cliente) es Opus. Así que eso hacía que el susodicho se cagara en tres tiempos antes de presentarle tamaña locura a su boss. ¿Y si al boss le gustaba? O peor: ¿Y si era eso lo que necesitaba la marca? Acá está la costumbre de trabajar para el cliente en lugar de la marca. Me pasó más de una vez a mi también. “Mmmno, no me gusta”. ¡Pero si a ti no te tiene que gustar! ¿Pensaste en lo que le gusta a tu cliente? ¿Lo que usa; lo que compra? A lo mejor por eso no le llegamos ni a los talones a los argentinos. Cada país tiene la publicidad que se merece. Y mientras no nos creamos que nos merecemos algo mejor que el “¡aprovecha esta increíble oportunidad!” o los días M, S, T o XL, vamos a seguir mirando para Los Andes y babear cuando los che se manden un “Las cosas como son”. Porque así, justamente, son las cosas de este lado de la cordishera.


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