• Cristián Ritalin León

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Y el 2006 se acabó. Horrible, el último día. Pero ya es el 2007 y se respira la buena onda que quedó en el aire. La estela de los fuegos artificiales y las burbujas de la champaña (que manera de tomar Kir Royales; ando medio adicto, ¡me bajé la crema de cassis casi solo!), en parte para ahogar las penas y en parte para celebrar, exorcizaron todo lo del día anterior. 2007, here we go. Y partió piolita, ah? En casa del Tata de la Romi, todos medio adormilados; no mucho que decir, salvo que la comida estuvo absolutamente increíble. Pero de ahí… música de trombón y plano medio de Sebastián (4 años) y yo (30 años), viendo el Discovery Kids. Porque, por mucho que queríamos ir a la fiesta de Rec, quedamos varados con el típico “¿dónde dejamos a los niños?” Año nuevo, y a última hora?… Plop. Pero mejor. Porque nos acostamos temprano. Y cuando sonó el teléfono en la mañana y la Mayi nos invitó a Higuerillas –la Romi y los niños hasta el viernes, yo me volví hoy-, oseeeea. Qué me dijeron a mi. Primero, porque todavía no conocía el departamento. Segundo, porque mi tía es decoradora y colecciona cuadros y me moría de ganas de ver como les había quedado. Y, de hecho, todavía estoy alucinando con como es. Tercero, porque la terraza me dejó plop. Un poquito más chica que mi departamento completo; al frente del Club de Yates. De noche, uf. Así que, resumiendo, el “para de gozar” estuvo bueno. Mi primer día del 2007 lo terminé con unas copas de Kir, conversando con unos amigos de mios tíos, entre unos chocolates belgas increíbles, frente al mar y con una luna llena espectacular. La balanza. Algo de dulce que venga después de tanto agraz, ¿no?.

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