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Final Cut


Hoy es la recta final. El último esfuerzo del comité de la fiesta (que en resumidas cuentas somos H, yo y un par más). El estertor final de las ojeras y los “buenas noches, amor” por teléfono. Mañana a las 20.00 vamos a ver si todas las trasnochadas, pepsilights, almuerzos de reunión con sabor a cesar salad y horas de edición, valieron la pena. Por mientras, en mi escritorio, tengo mis anteojos de sol como tatuados. Anoche me acosté tipo 4.00 (me dormí a las 4.30 porque la Perridícula insistía en tirarme su pelota para jugar) y hoy vi como en blur de movimiento a una señora embarazada y su hijo colorín diciéndome buenosdíasquetevayabien. Uf. Martes sabor jueves; ya estoy agotado… pero espérense nomás. Todavía me queda la parte más fuerte: animar. No les voy a contar más porque todo es sorpresa, of course. Pero el viernes o sábado les posteo un collage de las fotos para que se rían de mi. Perdón… para que se rían conmigo. Me acuerdo de mi matrimonio, que me tocó armarlo prácticamente solo. Esta vez tengo ayuda, pero el sentimiento es el mismo. Dulce agotamiento. Una fiesta hecha a tu pinta, que -oh, ironía- te servirá de catarsis al stress que la misma fiesta te causó. Una fiesta para casi 200 personas. Y locación, DJ, banquetera, videos, premios, votaciones, diseño de los disfraces, ¡¡animación!!… Como si con mi vida de papá-marido-pendex-publicista no me bastara. Ya. Bueno. No. No me basta. Pero eso es lo entretenido, ¿no?

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