• Cristián Ritalin León

Food & Emotions

Ahora entiendo a Laura Esquivel con eso de que la comida y las emociones van de la mano. Porque esta semana me pasó. Big time. El martes, por ejemplo. Lunch en el Due Torri. ¿Motivo? El ofrecimiento para cambiarme de agencia. Machas a la parmesana, cabernet y pasta para masticar mi decisión y los nervios. Más plata, claro. Y el ofrecimiento de Dirección Creativa en un plazo establecido… Pero siento que todavía no es el momento. Todavía no logré lo que vine a lograr. La Romi. La guagua. Sebastián. Mi carrera. Todos me decían D-e-c-í-d-e-t-e. Now. … Hasta el postre no sabía qué decir… Pero decidí pasar. No. Gracias, pero no. Al menos no todavía.

Dos. El miércoles. La despedida de Richi y la Yorka. Me tocó emocionarme entre cerveza japonesa, sushi y mariscos a la plancha. Esta vez, la mezcla vino con risas y despedidas y abrazos. Soul attach con soundtrack japonés y discursos sentidos.

Tres. Jueves. Comida tardía (odio la palabra “cena”, aunque sea la correcta) con la Romi. Luego de una semana infructuosa de la mano del Bendito Seas, y un cuasi trasnoche obligado, disfruto de mis rolls del Akai con la Romi, su guata movediza y una conversación de aquellas. No “de aquellas”. Sino que de aquellas. De las que tenemos la Romi y yo. De las que disfruto por el sólo hecho de estar los dos solos tomándonos una Pepsi (sí, tomo Pepsi) y comiendo sushi y riéndonos de la nada y mirándonos. Amor y sushi y relajo y felicidad.

Emotional rollercoaster, el de esta semana. No llovió, ¿vieron?. Salió el sol. Fade out para una semana que me dejó mucho que pensar y mucho que recordar. Buen finde. Nos vemos el lunes.

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