• Cristián Ritalin León

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El viernes a las 12.30 exactas empezó la “ramada” oficial de la agencia. Empanadas, chicha, cuecas y las caras de vacaciones achoclonándose en el pasillo dando el corte de cinta tricolor. Yo, con mi recién recibido Nomad de 40 GB (regalo de Iberoamerican por haber hecho la mejor frase de radio del mes), me asomaba en mi mac a lo Gollum (“my prrrrecious”) y luchaba entre el autismo -40 gb es demasiado espacio para llenar!- y las ganas de partir el 18. Finalmente, el aparato se descargó.. así que empecé a llenar el hígado.


¿Un dato? Muchmusic.net

Se vino el 18. Un 18 bien extraño. Y es que, a 5 años de matrimonio ya, todavía no me acostumbro a NO estar en la playa, metido en fondas y despertándome encañado. El carrete tira. Pero bueh, qué se le va a hacer: la paternidad te da cosas y te quita otras. H&C en la playa, dos entradas gratis para la Fonda Kitch en la mano y yo aquí. En mi casa. Paseándome entre carretes familiares, inauguraciones (y re-re-reinauguraciones) de nuestra flamante parrilla a gas y paseos a la plaza. Tirado para atrás, escuchando música, leyendo, jugando con mis hijos… Y el fantasma de los 18 pasados que me mira con ojos incrédulos. ¿Cero baile? ¿Cero trasnoche?… Naaaah…

Pero sí, pueh. Es lo que todos llaman el síndrome de “Nido Lleno”. La etapa en que ves que todos tus amigos carretean y salen y viven la vida loca mientras uno cambia pañales y se levanta temprano para ir a teatros infantiles. Y en 18, uf, el tirón del frenazo se siente.

Aunque no me puedo quejar: harto asado, hartas juntadas familiares… y paseos por un Santiago primaveral, silencioso y relajado. Justo lo que estaba necesitando ultimamente. Aunque el fantasma de los 18 pasados me mire desde atrás y me haga gestitos. Aún así.

Porque cuando eso pasa, yo lo miro de vuelta, agarro a mis dos guatones, me tiro al pasto y juego con ellos hasta que estamos todos rojos de tanto reírnos. No. No hay tikitikitís comparables a disfrutar estos poquitos años que duran siendo niños.

¿Saben qué?… ahora que los escribo, me doy cuenta. Menos mal que el carrete está en pausa. Menos mal, porque la vida va siempre en Fast Forward.

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