• Cristián Ritalin León

romi-cumpleaños

Pensé que el finde iba a ser más relajado. Que organizando todo con un banquetero, el cumple No.30 de la Romi iba a ser puro chill out. Pero Errorrrr… fue más bien benny hill v/s animaniacs. No alcancé a relajarme. Nunca. Desde la mini-campaña que mandé a todos los invitados por jpg; la decoración completa del depto (el dato es una tienda de cumpleaños temáticos en el Apumanque), una falsa alarma de parto a media semana, comprar un disfraz de doctor -que usé para hacer pasar a los invitados al living y luego raudamente me saqué antes de quedar hecho sopa por el calor-, los kirs y los bellinis hechos a cuatro manos, las compras, los invitados… y mi eterno sentido de la perfección que apenas y me dejó tranquilo pasadas las 3 am, entre Jamiroquai, Bailey`s y el grupo de los afterpartiers de siempre. Pero estuvo buenísimo. Y, lo más importante, la Romi quedó feliz con su treintiañez. Más aún al día siguiente, cuando al comienzo de un almuerzo absolutamente a la italiana con su familión en casa de su tata, me arrodillé frente a ella y le pedí matrimonio. Con su regalo. El rocón. Nah, estamos casados hace 5 años. Pero nunca le regalé un anillo de compromiso (miento: le regalé un anillo de queso onda Chester, que me comí a los dos minutos de pedirle matrimonio, que como que vale, pero no). Así que la ceremonial tirada de roca -que obvio que vino con lágrimas de la mia signora, la sua mamma, sus tías y medio mundo, ante mi tiritona mano que todavía cargaba la cajita abierta- fueron el broche de oro (o de diamantes) de su celebrado, movido y llorado cumpleaños No.30. Sólo queda decir… Feliz cumpleaños, amore mio!!… Ahora sólo queda esperar que nazca Nicolás. El regalo adjunto. De aquí al miércoles por parto normal, o el jueves por cesárea.

Uf, qué 2006, señores!! Si va a ser así todo el año, voy a necesitar un 2007 sabático. Por lo menos.

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