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  • Foto del escritorCristián Ritalin León

Pongale stop nomas


Ayer pensaba ir a ver Wedding Crashers con mi good ol`mate Hans, pero él decía que un amigo le había contado (onda mito urbano) que Play, de Alicia Scherson, estaba re buena. ¿Chilena y re buena?… Mmmm… Y bueh, caí. Again. Odio las películas-chilenas-contemplativas. Desde Caiozzi para adelante. Play no es la excepción, con sus silencios eternos, sus tipas mirándose el humo en la boca al espejo y los árboles meciéndose al viento. Ana Josefa Silva -, la dinosauria cinéfila que extrañamente engendró a Salfate, que sí que tiene buen gusto en sus críticas- dice en La Segunda, textual: “La dificultad que implica traspasar a las palabras la genialidad de PLAY no es más que una prueba al canto de que estamos frente a un trabajo cinematográfico con toda la riqueza que uno esperaría de un arte que se jacta de tal, con lenguaje propio y que ya tiene 110 años de vida. Y esa hazaña la consiguió una chilena, Alicia Scherson, con una opera prima.

A partir de una historia mínima que fluye con soltura, Scherson desliza su cámara por un Santiago cotidiano como el que más y que se hace atractivo gracias a su mirada aguda, que se posa donde nadie que no tenga su sensibilidad habría reparado”

¿hasta cuando vamos a tener cine chileno tan soso? ¿Hasta cuándo vamos a tener que seguir aguantando la factura nacional con gusto a nada? Yo siempre caigo denuevo, porque siempre prometo no ver más cine chineno pero vuelvo a confiar en que “esta vez sí”. Que “ahora sí que despegamos”… pero no. Y parece ridículo que en el 2005 las historias sigan siendo la nada misma y el guión te siga llevando a una peinada sosa de narración inconclusa con la cantidad de películas que nos llegan y la cantidad de televisión que consumimos y que, mínimo, nos debieran enfocar hacia donde va la cosa… Pero no. Play no aprendió. Y tiene aciertos, claro. Como buena parte de la música y la dirección de arte tras los títulos del comienzo. O la escena (mal lograda, pero con una buena intención) de la protagonista peleando con una vieja a lo más Street Fighter… Pero ahí queda. En una historia que a nadie le importa porque no es nada. En una pincelada sosa a un santiago fome que no tengo ganas de ver en la pantalla, porque para eso me pongo un cristal frente a los ojos cuando salgo de mi casa. Opera prima o no, cambio tu play por stop y eject, y ahora sí que la terminé con el cine chileno.

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