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  • Foto del escritorCristián Ritalin León

Oh, behave!

Este fin de semana sabía que me tocaba el lunes casi como día normal. Así que atinó y se comportó como lo que es. Un fin de semana. El viernes, por ejemplo, se vino con un cumpleaños de pub. Son buenos los cumpleaños de Pub. No te complicas, hablas con los que quieres hablar y si tienes sueño no tienes que poner caritas ni mirar el reloj de reojo. Simplemente haces un gesto a los más cercanos y te vas. Borroso, eso sí. El vanilla sour -Absolut Vanilla, limón, etc.-estaba increíble… pero la piscola que le siguió fue un golpe bajo al hígado. No me lo esperaba venir.

El sábado? El sábado partió con las cortinas bien abiertas y un jarro de Cocoa humeante y los millones de suplementos y la Mopa que movía la cola y Nicolás que intentaba decir algo entre agugús. En la tarde llama Dolape y nos dice que por qué no vamos al Opera/Catedral, que como puso una máquina ahí puede conseguirnos una reserva. Y la consiguió, ¿ah? Tuvimos que esperar sólo 1 hora. No 2 como el resto.


El Opera estaba repleto. Abrigos y perfumes matizados con esa luz vaporosa y las paredes de restorán de Manhattan; luego el bofetón de frío y vuelta a entrar por la escalera. Directo al Catedral. Un Cosmopolitan más tarde, conversaba con un purito en una mano y la Romi en la otra sobre lo increíble que está el Catedral. ¿El dueño? Nada menos que Juan De Dios Larraín, el hermano de Pablo “Fuga” Larraín. Increíble. Ondero. Con buena música. Comida exquisita. Precios harto decentes. Y el mozo que se sabe la carta de memoria y nos atiende como reyes. Todo perfecto. Dolape atina con un Chocalán Reserva. Yo elijo algún postre y me olvido de la dieta por un rato… Y por corte estamos ahora en el Barcelona conversando con una hönig en la mano. El frío se cuela por la entrada mientras admiramos una de las máquinas de Dolape; ahí, frente a nosotros, en la barra. La conversa pasa de la pega al PlayStation 2, y de la vida hasta los chistes que nos lanza un curado a un costado de la barra- no recuerdo ninguno, pero nos reímos harto-… Hasta que, ¡puff!, se acaba el sábado.

Domingo, suave él como siempre, es cumpleaños de niños y picoteo de noche. Una mini-producción, todo iluminado con velas y música étnica muy chilled para terminar el fin de semana. Porque, claro, mi fin de semana acaba común y corriente. El domingo. ¿No queriai más responsabilidad? Toma. Work el lunes. Pero el finde se comportó y no me enojo. Total, qué culpa tiene el lunes de ser lunes.

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