• Cristián Ritalin León

My personal Valentine

Culpa a los pañales, a las papas o el sentimiento de culpa. O mejor: culpa a que realmente no hay más lugares en Santiago para el target “25 a 35” que realmente llame la atención. O da lo mismo. Culpa a lo que quieras. El punto es que, en los últimos años, el único gran carrete que tenemos con la Romi es ir al cine o a comer. Y si algo he aprendido con este autoimpuesto sibaritismo… es que, definitivamente, el Día de los Enamorados no es un buen día como para reservar mesa. CHÁN. Como lo oyen. Justamente porque es el día en que más gente sale a comer, así que la mayoría de nuestros increíbles y onderos lugares santiaguinos están con todos sus especialmente caros menús ¡preparados de antes! Léase irreconocibles. Léase con atención pésima. Y, again, mucho más caro de lo normal. Así que como el año pasado me ensarté por última vez saliendo a comer con la Romi (a uno de mis restoranes favoritos de Borderío, así que tengo como comparar el antes y el después)… decidí hacer un menú del Día de los Enamorados in-home. Preparado por mi, que es un plus absoluto.

Y como tampoco quiero que ustedes se ensarten y disfruten de una velada romántica como tiene que ser, les comparto mi secreto. Total, como la Romi está sin Internet hasta el viernes no voy a echar a perder la sorpresa:

* * * Menú del Día de los Enamorados

Entrada: Carpaccio de Salmón con alcaparras y limón de pica sobre Pümpernikel. Mojito cubano frappé.

Plato de fondo: Ravioles rellenos de jaiba en salsa rustici (rústica). Sauvignon blanc reserva.

Postre: Trilogía de helados: Tres leche, Mousse de chocolate y Avellana, sobre brownie de chocolate tibio.

Chocolates y café de grano.

* * *

Rico, ¿no?… ¡Y se mueren lo fácil! Personalmente lo voy a hacer así. Cópienme si quieren: Primero, paso al JUMBO a comprar el carpaccio, que viene casi listo y sellado al vacío. Compro los limones, las alcaparras, pancitos negros y la mostaza. La menta y el ron. Para el plato de fondo, compro el pomodoro italiano (hay uno que importa también el Jumbo que es medio carillo pero, uf, vale la pena absolutamente), los vinos chocolates y brownies.

Luego, en Guardia Vieja, entre 11 de Septiembre y Providencia, paso por las pastas frescas recién hechas –que sólo hay que cocinar unos minutos antes-, y luego al Bravísimo (o el Fragola, que está al lado) por los helados. En el camino, obvio, en alguna luz roja te aperas de la clásica rosa roja para poner en medio de la mesa.

Y listo! Mesa romántica, el dimmer al mínimo, algunas velas… y una selección de música chill-out. Y claro, para una comida en casa es caro. Pero les aseguro que no tanto como la ida a un restorán. Y lo hicieron ustedes. Y se lucieron. Y sin esperar. Ni reservar. Ni urgirse porque te rayen el auto o en qué estarán los niños.

Así que enjoy. Y nos escribimos mañana.


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