• Cristián Ritalin León

Las vizcachas?… Aaaagh…

El año pasado estaba echandole bencina a mi auto, cuando de pronto apareció una promotora de Las Vizcachas con una “invitación” para ir al complejo. Conocedor de los Tiempos Compartidos y mulas varias, miré a mi señora y le pregunté qué opinaba. Mal que mal, hace tiempo llevábamos buscando algún club de campo o algo para pasar el finde… así que le dimos una oportunidad. Quedaba lejos, sí. Pero tenía aire puro así que el problema se anuló. Al llegar, el lugar todavía estaba en pre-temporada así que no había casi nadie… Pero eso no impidió la verborrea del vendedor, que nos mostraba las maravillas del lugar. Y, bueh, áreas verdes, zona de camping, una laguna artificial vacía… Nada especial, pero que con las técnicas de convencimiento del vendedor (“el ambiente está increíble”, “la gente que viene es casi toda de la zona oriente”, “la piscina está vacía en verano”, “el casino es espectacular”, “les puedo dar invitaciones para venir siempre con sus amigos”)… Nos hizo caer. Giles. A la semana siguiente, la decepción: sólo nos dieron una invitación a la piscina (y desde entonces pude contar como 4 más máximo)… aunque menos mal: entramos a la recién inaugurada piscina y los Byrons y Yonatans hacen su aparición en pleno. Aaaagh!!!!…. Guatonas haciendo picnic en las áreas verdes (usando el “Prohibido hacer picnic” de sombrilla), un casino tan malo que el café helado era con crema congelada y dura… Y unos baños que mejor ni les digo, porque de los 7 que tenían, 1 estaba bueno. Y cerdo. Todo mal! Indignado (había pagado como $500.000 por el año), pedí que me devolvieran la plata porque nada de lo que me vendieron era cierto: el ambiente era horrible, las películas del cine son de la época de Errol`s y los caballos solo eran gratis en la semana, previa anotación 24 horas antes y blablabla. Ellos, claro, sin perder la compostura de Frescos de Raja (habitué en este país), me dejaron ver, de manera elegante, que había cagado totalmente. O que, si prefería, pagaba el 70% de multa y me iba. Plop. 70%?!! Tragandome la rabia, y tratando de no perder tanto, creo que fui unas 4 veces más, pegándome el pique de rigor y cerrando los oídos a los gritos de “Maryoriiii… Ta calientita el aguaaa!”. No duré mucho, la verdad. La zona de picnic con radios sonando fuertísimo, las viejas hablando a gritos en el área de piscina, el casi-no como para indigestarse y , bueh, saber que me estaban cobrando $43.000 mensuales por mirarme el dedo, hicieron que finalmente le mandara una carta al gerente comercial y que me cobraran el mentado 70% de multa. Ok, you win. Pero… ¿Saben qué dijo?… Que no procede!!… Que como pagué con tarjeta no pueden reversarlo (hello?!!… Yo hacía los comerciales de MasterCard así que conozco el sistema perfectamente). Que rabiaaa!!!!… Así que, amigos míos, la enseñanza de esta fábula es que si alguna vez ven a una tipa de Las Vizcachas que les anima a ir a conocer el “renovado” lugar… Corran. ¡¡CORRAN!!… Corran como si su billetera dependiera de ello.

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