• Cristián Ritalin León

Lady of the dance

No sé si es porque es medio colorina -dicen que los genes colorines son oriundos de Irlanda y sólo de Irlanda-, o simplemente porque es media rayadita por el asunto per sé. El asunto es que desde que conocí a mi señora, Lord of the Dance es su obsesión máxima. Cada celebración, cada saltito de alegría que le da por hacer, se lo manda en formato irish; con taconeos y manitos hacia abajo, mientras tararea algo celta. En fin. Lord of The Dance venía a Chile, y ni toda la pega del mundo -que la tengo yo entera, por estos días, por eso las telarañas- iba a impedir que fuéramos. Eso lo tenía claro. So… dicho y hecho. Moví contactos y me conseguí dos entradas VIP para el pre-show de ayer jueves. Con cara de moai -ver zapateos irlandeses versus el avant premiere de Superman demuestran el gran amor que siento por la mia signora-, y el hecho de que me tiene medio chantajeado con esto del pasaporte italiano, dieron un fundido a negro y corte a nosotros arreglados y en medio del salón de eventos del Arena. Un lugar tipo búnker con dejo a Klötz y luces posadas en arreglos, sillones italianos y una veintena de mozos transitando por entre los trajes, abrigos, julitas astaburuagas y Mary-Roses McGill. De hecho, las mismísimas mismas anduvieron dando vueltas por ahí, secundadas por el resto de los same ol `, que buscaban de reojo como siempre a la fotógrafa de Sociales. Juá. Yo andaba más preocupado del cóctel. 4 meses de dieta, así que liberé sólo por 2 horas a mi bestia interna. Canapés, increíbles. Ceviches, chocolatitos, trufas, champaña, pisco sour. El prólogo perfecto para el mejor espectáculo que he visto en mucho tiempo. A sólo 5 metros del escenario, el zapateo acompasado, las luces y las canciones en irlandés me dejaron las manos rojas de tanto aplaudir. Simplemente increíble. Si pueden verlo, háganlo, porque de verdad que vale la pena. Aunque no sé si lo pasé mejor viendo el espectáculo, o la cara de niña chica de mi señora, que no paró de apretarme el brazo imitando los pasos con sus deditos. Yo me limité a sonreír para mi mismo y disfrutar el espectáculo. Los dos.


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