• Cristián Ritalin León

Here comes the sun

Es impresionante el efecto solar. Me cambia el ánimo. Me saca la idiotez invernal y me vuelve otra persona. Serán las flores. Será que andar en moto en esta época te borra los empapes y resbalones de adoquín del resto del año. Será que ando feliz nomás. La pega está bien, la family está bien… Y es finde. Sábado. Aprovechando que la Romi partió con los niños al cumple de su sobrino –para qué andamos con cosas, por muy bueno que sea para ir al parque, a ver obras infantiles y tirarme al pasto con mis hijos, no hallo nada más latero que un cumpleaños-, le saqué brillo a mi moto, me puse mi casco de verano y partí a dar una vuelta por el Santiago florido y primaveral que nos llegó. Luego de casi agarrarme con uno de los típicos idiotas que te tiran el auto encima (¡Como no entienden que la moto equivale a un auto; que no por ser chica tiene derecho a la pista completa!), paré en el Bellas Artes. En las orejas, “Anoche”, de Babasónicos. Y luego, claro, para estar a tono, un concierto de la Filarmónica de Beijing que me acompañó todo el trayecto de la exposición del Taller 99. Una serie de grabados increíbles. Estampados, técnicas mixtas… Hay que verlo, está buenísimo. De Beethoven a Franz Ferdinand, y del Bellas Artes a TXT!, la liquidadora de libros. Nada especial, así que vuelta a la moto, al casco y a la calle más ondera de Santiago: la zona en que se juntan Merced y José Miguel de la Barra. De ahí, nótese el auto-regaloneo: yo, solo, con el último The Clinic, un cheescake, un jugo de frambuesa gigante y la terraza del Abarzúa. Vientecito tibio y Jamirquai para acompañar. … … Dos horas en esa. Hasta que me doy cuenta que está empezando a hacer frío, tomo la moto y parto de vuelta a mi depto por la Costanera. Despacito. Por el parque. Y es sábado: Y primavera. Y es Santiago. Pero Santiago con sol. Santiago tibio. Que linda ciudad que se nos vino, ¿no?

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