• Cristián Ritalin León

Farandu-egipcismos

Martes, 20.30 pm. Un pie saliendo del taxi, el otro (casi tan apurado como el primero) ya cruzando el portal de “El Parrón”. ¿Por? Evento de prensa para la Cumbre del Rock. The client, Capel, a un costado conversando con una copa en la mano. Qué me dijeron a mi.

Ayer fue uno de esos típicos días que les suelo contar: de farandulero a egipcio, y de egipcio a farandulero; non stop. En la mañana, jurado de un concurso de publicidad de universidades (oh, decepción; al menos sé que las nuevas generaciones, estas que vi ayer, no nos van a aserruchar el piso) en el Salón del Automóvil. Y de ahí, como premio a la lata, tuve la suerte de pasearme por entre los Masseratis y Porsches y Autos Concepto –Peugeot la cagó- y promotoras argentinas (que hasta yo que estoy acostumbrado me dejaron plop) sin nadie que me molestara. Sin vidrios cochinos y papeles en el suelo. El Salón entero para mí solo.


Así que heme aquí, martes en la noche, luego de un día de divismos/egipcismos, ups and downs, con mucha pega y muchas cosas en la cabeza, tomando uno de los malditos-no-puedo-resistir Mango Sours Capel. Y no es de vendido. De verdad que es mi última debilidad. Y si los hago yo, con harto hielo en una coctelera y batiéndolo hasta convertirlo en una crema helada y dulce… aaagh. Alcohólico Anónimo instantáneo. Pero volvemos. Parrón. Capel. Mango. Y yo sin haber comido nada aún. Mala mezcla. Y el bamboleo que me empieza antes de que la Nicole, Javiera, Neira y otro más empiecen un “mini unplugged” de Amor violento de “Los Tres”. Y yo ahí. En primera fila. Casi tocando la guitarra, copa en mano y mirando de reojo a la fauna rockera nacional. Son poquitos, ah? Los mismos de siempre. Es que hay que ser bien aperrado para subsistir a guitarreos, acá en shilito. Todos a pulso. Todos fuera de las multinacionales y, en casos como Difuntos Correa, aún así ganando discos de oro. Grande, cabros. Seguid así. Que nosotros nos encargamos de que se publicite. Y no estoy siendo retórico. Porque esta vez, el “Puro Chile” va en serio. Espérense nomás. Cumbre del Rock. Se viene. Tomen Capel y paguen la mitad. Y chuáaaan… Un arañazo de guitarra que se queda flotando hasta apagarse. La luz que se enciende. Aplausos. Y las bandejas, gloriosas bandejas, que llegan justo para salvarme de la curadera. Empanaditas de pino fritas, sopaipillas de cóctel con pebre, brochetas. ¿Piscolita? Guenoyá. Puro Chile. Puro comer para pasar la ebriedad. Ya, poh. Ahí vamos.


Porque un mango sour violento me tambaleó…

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