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  • Foto del escritorCristián Ritalin León

Entretemingo

El domingo amanecí enredado entre las sábanas, el diario y el trasnoche. El sábado, mientras yo cansaba a Sebastián en la Shell a base de juegos y pastel, la Romi hacía nuevamente su recién aprendida receta de Pollo al Coñac – que ya tiene tintes de adicción familiar -, para celebrar el regreso de Indonesia de Dolape. Más allá de los negocios que armó y los contactos que obtuvo (se hizo amigo de nada más y nada menos que Juan Pablo Solís, dueño de Tabalí y brazo derecho de Luksic), nuestro pobre che debió mamarse las 36 horas de viaje con fobias y todo… y una de las 12 bombas de Al Kaeda, instalada en el hotel vecino al de él. Uf. Pero todo salió bien. Y se pegó unas mini-vacaciones en Australia que le sirvieron de exorcismo, así que llegó de vuelta bronceado y feliz. Celebramos su retorno con sus historias -¡que ganas de ir a Bali!-, la mentada receta, mucho vino (abrí unos Porta Select Reserve de rechupete), y un excelente epílogo de chocolates, puritos y conversa. Así que el Domingo el sol golpeó a mi adormilada cara recién tipo 14.00 pm. Luego de hojear el diario, nos duchamos y partimos en family al Boulevard del Parque Arauco. Mi lugar favorito para pasar el domingo. No sólo por los restoranes, sino por la onda que se arma: A las 15.30 figurábamos en la terracita del Tony Roma`s escuchando Jazz en vivo y comiendo unos potato skins & Torobayo bajo la miamezca sombra de unas palmeras. Ñami. La Romi se pidió una ensalda césar con camarones, yo un pollo a la sureña y Sebastián su eterna hamburguesa con Papas, que claro que terminé comiéndome yo.

17.00 y ya ibamos subiendo la escalera–apenas; pequé con el Fudgy Chocolate Sundae– hacia el cine. Wallace & Gromit con Sebastián, H y su hijo. Y aunque iba con las expectativas tanto o más bajas que con el bodrio del Niño Tiburón, debo reconocer que me gustó mucho la película. British y todo (me gusta el humor british, pero no el humor british infantil), me reí más de una vez con la historia.

De ahí, una visita flash donde mis viejos… y una acostada temprano leyendo “El Zorro” de Isabel Allende en nuestra cama de primavera forzada: La Mopa se meó el plumón, así que nos adelantamos el cambio de ropa de cama a fuerza de la perridícula. Y bueh, al final, el castigo de dejarla afuera fue más para mi que para ella, porque no paró de llorar en toda la noche. Esto de ser padre…

Ojalá la Mopa se portara un poquito así…

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