• Cristián Ritalin León

El ombligo de la semana.

Mientras escucho mi última adquisición (X&Y de Coldplay, que según dice mi gurú musical San Feliú está muy bueno), me viene el recuento semanal de día miércoles. Una semana medio autista –la Romi está con ascos y pasa en cama, así que no he querido salir ni nada-, en la que lo único que he hecho es cuidar a la Romi, putear por tener que andar en taxi en vez de mi moto, trabajar en Campanario (tranqui, Javier, que las botellas siguen intactas), armar el último DVD de grabaciones familiares –hoy me digitalizan la ecografía así que quiero ponerla también- y bajar películas de DVD. Anoche, por ejemplo, me puse a ver “Steamboy”. Una película de animación japonesa que tenía un trailer 3 veces mejor que la película en sí. Buenos dibujos (un comodity de los japoneses, así que boli, no vale), pero con una historia tan lenta que me dio una lata horrible. Más todavía porque mientras la veía escuchaba cantar a Sebastián una nueva canción que aprendió. Así que la balanza se fue al suelo, apagué el dvd y me fui a escucharlo a la pieza. Kodak moment. Se va, se va la lancha Se va con el “pezcador” Y en esa lancha que cruza el mar, También se va mi amor.

Viendo a Sebastián acostado con la Romi, tocándole la guatita, escuchando las explicaciones del porqué y el cómo y hablando como todo un niño grande, no puedo evitar los escalofríos. Soon, all over again. ¡Dos hijos! Es tremenda responsabilidad. Es excitante, y da miedo y da nervios y da alegría. Y con lo traumado que soy con los tiempos –soy de los papás que prefiere no hacer nada en la semana para estar el máximo tiempo posible con mi hijo- y la eterna búsqueda de la maximización de mis propios ratos-de-ocio (vital para mantenerte un buen creativo), y cosa difícil a veces, no me imagino haciendo lo mismo por partida doble.

Y aparece nuevamente el tema amigos. Les he contado que soy de pocos. Lo extraño es que para mis cumpleaños se llena de gente. Y todos igual de amigos, y que rico verte y como es posible que hace 365 días que no nos veíamos… pero algo raro me pasa cuando no tengo nada que hacer. Como que prefiero encerrarme o estar con mis amigos-amigos (léase Hans, la Coté y Gregorio o Ricardo y la Carola), que andar creando más relaciones con gente que me cae la raja pero que no llego a conocer tan bien todavía. Suelo reclamar que no tengo tantos amigos como quisiera, pero a la hora de los kiubos, de invitar gente o pasar a la casa de alguien, la lata me bota. ¿Es normal? A lo mejor pasó mi edad de hacer amigos. A lo mejor todos los amigos que tengo son sólo circunstanciales. A lo mejor soy un autista, en el fondo. Es como esa exposición que te mueres de ganas por ir, pero que nunca vas. Con mis amigos es igual. ¡Cómo no nos vemos nunca!… Cada vez que almuerzo con Gerardo, lo paso la raja. Para los cumpleaños, converso horas con gente que veo a lo más 3 veces al año… Pero algo me pasa que no doy the next step. Por alguna razón, no los meto en mi vida tanto como quisiera. ¿Es normal? A lo mejor es porque tengo tan poco tiempo entre el gym y mi familia y mi pega, que no me alcanza o no quiero que me alcance. A lo mejor porque siento que la magia de juntarnos tan pocas veces al año y hablárselo todo, se va a ir… A lo mejor. No sé. Dejen sus comments. I need it.

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