• Cristián Ritalin León

El día que nunca más nos aburrimos




Bored-baby

Dicen que el aburrimiento es la madre de la creatividad… Si es así, tengo miedo. Mucho miedo.  Y es que en los últimos años, la ubicuidad que nos dan los smartphones,  tablets y la mega-luminisencia de los Wifis gratuitos (ya el municipio de  New York está convirtiendo las antiguas cabinas de teléfono de la ciudad  en Hotspots gratuitas) están haciendo que cada vez sea más difícil  aburrirse.  Toma por ejemplo el aquí y ahora: estoy esperando entrar a una reunión. Y,  por mientras, la sala de espera contiene un grupo de cuerpos silenciosos  (sus cabezas están en sus mails, en su Facebook, en sus twitters, en  -ejem- sus blogs) esperando el “les toca” de la secretaria para volver a  conectarse a la vida real.  Otro ejemplo: Netflix. Debo reconocer que desde que llegó y probé su mes  gratis, no me calentó para nada. Películas viejas, mi fukin conexión de  VTR -que tienen la amabilidad de pagar mis 12 años con ellos con un Wimax  de mierda que con suerte me da 1.5 megas Con suerte-

… Pero bastó conectar mi Wii y mi PS3 (y màs tarde mi AppleTV, si me apuran) para convertirme en un adicto: agarrar algunas serie vieja (Dexter), ver películas antiguas  con los niños (Pixar) y encontrarme con que ni tener que bajar a cocinarme  algo, o el baño, son impedimento para el continuum del anti-aburrimiento:  le pongo pausa en la tele, sigo en mi iPad, luego en mi iPhone, y podría  seguir eternamente. 

Se nos acabo el aburrimiento. Las agencias de medios ya hablan de los  peaks multiplicados (ver tele en las horas de taco desde tu smartphone?  Toma), la internet ya casi “no existe” por su presencia absoluta.

Y yo aquí, con mi cuerpo en una sala de espera y mi cabeza en mi blog, pensando  que qué pasará con la creatividad cuando ya no tengamos tiempo de mirar el  cielo y suspirar de aburridos.

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