• Cristián Ritalin León

Déjenme en Paz (3)

Hoy amanecí con el cuerpo en la cama y la cabeza en alguna parte de La Paz. Mal. Hablé con la family por Skype, me duché y partí -más por inercia que nada- a almorzar. El lugar elegido, el famoso Chalet La Suisse. El restorán es espectacular, no cabe duda. Todo de madera. Cálido. Muy elegante, pero familiar. El servicio increíble. Sin duda el mejor lugar de La Paz. Al que, casi como slogan, todos le achacan que “No importa lo que pidas, nunca te vas a equivocar”. Caracoles. Ostiones a la parmesana. Lasaña de mariscos. Fondues. Postres de todo tipo. Los precios, bastante decentes para un santiaguino, pero carísimos para La Paz. El pan con ajo de cortesía, una maravilla. Recordé los tips que me dieron y de entrada pedí el famoso “sushi” de La Suisse, que resultó ser una deconstrucción espectacular: carpaccio de carne en láminas con gengibre, limón, wasabi y soya, acompañado de una porción de arroz cubierta de sashimi de salmón y nori picado, con palta decorandolo todo. Exquisito. Una coca light, DOS jugos de piña, y seguí con el fondo: una sopa de camarones que, ni bien llegó, algo me dijo que no estaba todo bien. Soroche o caña, me empecé a sentir pésimo. Llamé a la anfitriona, que me trajo una agüita de coca y me puso la sopa para llevar. Aunque lo pensé mejor, y pedí de todas formas el postre. En una de esas era sólo soroche, así que el azúcar me iba a ayudar. Y de hecho lo hizo: luego del Sorochi Pill de rigor, apareció ante mí un pie de chocolate decorado con rodajas de mandarina caramelizadas, con una porción de crema y frutillas a un costado. Justo lo que el doctor recomendó.



Uf.


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