• Cristián Ritalin León

Bittersweet week

Iba a postear que todo andaba bien. Que no he escrito ultimamente porque estoy metido en un proyecto demasiado entretenido -y absorvente-, con reuniones y estudios e investigaciones y hasta un viaje a Baires en un par de semanas…. Y uf, pero wow. Iba a escribir todo esto. De cabro chico. Feliz. Pero parece que no todo en la vida puede ser tan espectacular. Ayer, con un agradable viento de atardecer, camino a la calle como todos los días mientras me pongo mi casco… Y no encuentro mi moto. La busco. Me pregunto si la dejé en otro lado… Y no. Sudor frío. Gone. No está mi moto. Y yo con la garganta seca y el corazón a mil preguntándole a uno de los tres guardias que, obvio, no habían visto nada. “Nooo, si hay cámaras, pero necesitamos una orden especial de carabineros que…” La voz del tipo se volvió un trombón a lo Charlie Brown mientras yo pensaba que cómo cresta. ¿Orden? Si no veo ahora mismo las cámaras, fijo que lo perdemos. Y nada. Los guardias como las pelotas. Los pacos, a la hora y media. Y mi moto, gone. Mi movilización perfecta. Mi forma de llegar en 10 mintos a la oficina, almorzar todos los días en mi departamento y gastar apenas 2 lucas a la semana en bencina, gone. Mi chiche. Recién encerada. Mi motivo de relajo en verano. Mi sistema para llegar siempre a tiempo. Mi anti-tacos, gone. Encendido por control remoto; llave automática tipo Audi. Frenos ABS. Alarma. Alarma. Obvio que no se la puse. Así que gone. Ida. Perdida. Y yo ahí, con mi casco en la mano mirando el suelo vacío mientras no me la puedo creer. Esperando a los pacos -al final tomo un taxi empelotado y los espero en mi depto-, mientras saco la cuenta que ya, que con lo ahorrado en almuerzos y viajes y tiempo la pagué.. Pero no es eso. Es que me robaron mi moto. ¡Me robaron mi moto! Y todavía no me la creo.


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